De entre las luces y calidos aromas que me llenaban por dentro como ráfagas de terciopelo que se intrometen entre las extremidades de mi cuerpo desnudo en una cama que no es mía, observe, sin poder mover un solo músculo, como lentamente una sombra deforme y de sonidos difusos se acercaba lentamente hacia mi cuerpo y se posaba en mi cabeza, al no poder moverme no puse reparos y no hice mas que contemplar a ojos cerrados los vagos sonidos que se mostraban a mi alrededor, note prontamente que en algún rincón de la habitación se encontraba una vieja radio que tocaba un dulce jazz de tiempos lejanos, en el cual un triste violín en compañía de un melancólico piano se mostraban en una sola imagen de desesperación y niebla.
Lentamente recobre mi valentía y junto a ella mis fuerzas corporales y animales, me levante renovado sin nada que perder, sin cruces que cargar, sin errores que enmendar, sin veladas que olvidar o ignorar. Me levante tal cual gacela de los campos que se mueve entre los árboles y matorrales buscado su nueva presa compañera, me levante y abrí los ojos con el solo fin de ver nuevamente aquella sombra que osaba volverme torpe y dependiente, mas esta había desaparecido como si nunca hubiera existido, como si nada importara ya, como si ahora solo quedaba nuevamente ese amarillo camino de ladrillos pintados a mano. Mas ahora que mis manos se encontraban ocupadas jugueteando con el aire y las nubes cabizbajas que se acercaban a saludarme en un viaje sin precedentes, mire por la ventana y me deleite con la mas hermosa imagen jamás vista por mis ojos, vi mi madre correr por pastizales, vi mi padre reír corriendo tras mi madre, mis hermanas cantando y saltando una cuerda imaginaria, mis hermanos luchando y riendo cada vez que resbalaban sus cuerpos y la tierra se volvía elástica para amortiguar la caída, y yo que sin quererlo me encontraba sentado a la distancia con el alma llena, las lagrimas corridas, y sin darme cuenta vestido de payaso como siempre, mi nariz roja, mi cara pintada, mi boca agigantada y roja, los niños a mis pies riendo de mis jugarretas, alucinados con mis trucos de magia y admirados con los juguetes que bailaban en los aires para caer nuevamente a mis manos y volver a volar, pero de pronto todos dormían en el pastizal como si nada importase, como si todo estuviera bien, mientras tanto mis manos ahora ocupadas en mi violín interpretaban en conjunto una vieja melodía de un pasado inexistente, fue entonces cuando comprendí que la dichosa sombra, que soñé volver a ver posarse sobre mi cabeza, no era mas que mi propia vida pasándome la cuenta y obligándome a despertar, no era mas que el sol entre la niebla que se asoma y muestra su grandeza, entregándonos rayos de ilusiones y nuevas sensaciones, llenándonos de dulces melodías tibias y transparentes. Decidí entontes volver a cerrar los ojos y escuchar tras la niebla, la suave melodía que provenía del rincón de la habitación.
Lentamente recobre mi valentía y junto a ella mis fuerzas corporales y animales, me levante renovado sin nada que perder, sin cruces que cargar, sin errores que enmendar, sin veladas que olvidar o ignorar. Me levante tal cual gacela de los campos que se mueve entre los árboles y matorrales buscado su nueva presa compañera, me levante y abrí los ojos con el solo fin de ver nuevamente aquella sombra que osaba volverme torpe y dependiente, mas esta había desaparecido como si nunca hubiera existido, como si nada importara ya, como si ahora solo quedaba nuevamente ese amarillo camino de ladrillos pintados a mano. Mas ahora que mis manos se encontraban ocupadas jugueteando con el aire y las nubes cabizbajas que se acercaban a saludarme en un viaje sin precedentes, mire por la ventana y me deleite con la mas hermosa imagen jamás vista por mis ojos, vi mi madre correr por pastizales, vi mi padre reír corriendo tras mi madre, mis hermanas cantando y saltando una cuerda imaginaria, mis hermanos luchando y riendo cada vez que resbalaban sus cuerpos y la tierra se volvía elástica para amortiguar la caída, y yo que sin quererlo me encontraba sentado a la distancia con el alma llena, las lagrimas corridas, y sin darme cuenta vestido de payaso como siempre, mi nariz roja, mi cara pintada, mi boca agigantada y roja, los niños a mis pies riendo de mis jugarretas, alucinados con mis trucos de magia y admirados con los juguetes que bailaban en los aires para caer nuevamente a mis manos y volver a volar, pero de pronto todos dormían en el pastizal como si nada importase, como si todo estuviera bien, mientras tanto mis manos ahora ocupadas en mi violín interpretaban en conjunto una vieja melodía de un pasado inexistente, fue entonces cuando comprendí que la dichosa sombra, que soñé volver a ver posarse sobre mi cabeza, no era mas que mi propia vida pasándome la cuenta y obligándome a despertar, no era mas que el sol entre la niebla que se asoma y muestra su grandeza, entregándonos rayos de ilusiones y nuevas sensaciones, llenándonos de dulces melodías tibias y transparentes. Decidí entontes volver a cerrar los ojos y escuchar tras la niebla, la suave melodía que provenía del rincón de la habitación.
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